la Solidez en los Sistemas de Inteligencia Artificial de Alto Riesgo: Finalidad, Alcance y Concreción Jurídica de la Guía de AESIA
La Solidez en los Sistemas de Inteligencia Artificial de Alto Riesgo:
Finalidad, Alcance y Concreción Jurídica de la Guía de AESIA
Santiago Carretero Sánchez, Profesor Titular URJC. Filosofía del Derecho
La solidez técnica de los sistemas de inteligencia artificial de alto
riesgo se ha convertido en uno de los elementos vertebradores del nuevo Derecho
europeo de la inteligencia artificial. La Guía de Solidez elaborada por la
Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) ofrece un
marco operativo y metodológico destinado a facilitar la correcta implementación
del Reglamento (UE) 2024/1689, traduciendo sus obligaciones en criterios
comprensibles y aplicables por proveedores y responsables del despliegue.
Aunque no posee carácter jurídico vinculante, su relevancia resulta
indiscutible: se configura como un instrumento de soft law de alto valor
interpretativo, sometido a un proceso constante de actualización y alineado con
los estándares europeos en desarrollo.
La guía parte de una premisa central: todo sistema de IA de alto riesgo
debe estar diseñado, desarrollado y operado de manera que mantenga un nivel
adecuado de solidez, esto es, la capacidad de responder de forma estable,
fiable y segura ante perturbaciones, errores o comportamientos no previstos.
Esta exigencia no es meramente técnica, sino una garantía jurídica destinada a
proteger la seguridad, los derechos fundamentales y la integridad de las
decisiones automatizadas. El considerando 75 del Reglamento europeo subraya la
importancia de que los sistemas sean resilientes frente a eventos adversos
derivados tanto de limitaciones internas como de condiciones externas, e
introduce una idea clave: cuando la solidez no pueda asegurarse, el sistema
debe estar preparado para interrumpir su funcionamiento de manera controlada.
La guía adopta esta exigencia como fundamento estructural de todas sus
recomendaciones.
El documento desarrolla un concepto amplio de solidez, entendido como la
interrelación entre diversas propiedades del sistema: fiabilidad, estabilidad,
sensibilidad, relevancia y alcanzabilidad. Cada una de estas dimensiones
expresa una faceta del comportamiento seguro del modelo, y su evaluación exige
metodologías sistemáticas, métricas adecuadas y procedimientos de validación y
verificación ajustados al contexto de uso. La guía insiste en que estas
propiedades no pueden analizarse de forma aislada, sino integrarse en una
arquitectura de calidad que recorre todo el ciclo de vida del sistema. De este
modo, la solidez deja de ser un atributo estático y se transforma en un
objetivo continuo cuya verificación debe realizarse desde el diseño y
entrenamiento, pasando por las fases de verificación y validación, hasta llegar
a su implantación y operación real.
En coherencia con el artículo 15 del AI Act, la Guía de AESIA detalla cómo
deben preservarse los niveles de solidez a lo largo del tiempo. Establece la
necesidad de anticipar y detectar fenómenos de degradación del modelo,
desplazamientos de datos, cambios en el dominio de aplicación o situaciones no
previstas que alteren la precisión o el rendimiento. A través de métricas bien
definidas, sistemas de monitorización continua, mecanismos de alerta y
documentación técnica exhaustiva, el proveedor debe garantizar que cualquier
deterioro sea identificado, cuantificado y corregido. Si la degradación supera
los límites establecidos en la documentación técnica, la guía exige activar
mecanismos que involucren a operadores humanos y, en última instancia, permitan
suspender el funcionamiento del sistema si persiste un riesgo relevante para la
solidez.
Particular atención merece la cuestión de la organización interna y la
distribución de responsabilidades. La guía refuerza el modelo funcional
previsto en el Reglamento, según el cual el proveedor asume la responsabilidad
principal en el diseño, la implementación de mecanismos de solidez, la
validación del sistema, la monitorización y la actualización de la
documentación técnica. Por su parte, el responsable del despliegue debe contar
con las capacidades formativas necesarias para interpretar las métricas, supervisar
el comportamiento cotidiano del sistema, detectar anomalías y comunicar
cualquier desviación al proveedor. Esta relación de corresponsabilidad
constituye una pieza esencial del enfoque europeo centrado en la seguridad, la
transparencia y la fiabilidad de los sistemas de alto riesgo.
La guía también incorpora recomendaciones para garantizar la solidez en
sistemas que continúan aprendiendo tras su puesta en servicio. En estos casos,
la aparición de bucles de retroalimentación sesgados, el olvido catastrófico o
la degradación progresiva del modelo adquieren especial relevancia. AESIA exige
la adopción de estrategias específicas de mitigación, técnicas de aprendizaje
continuo robustas, mecanismos de trazabilidad de actualizaciones y sistemas de
control que impidan que nuevas iteraciones del modelo comprometan las garantías
previamente validadas. La solidez se convierte así en un criterio rector del
proceso de evolución del sistema, y no únicamente en un requisito previo a su
comercialización.
En conjunto, la Guía de Solidez configura un marco docente y técnico
destinado a dotar a los operadores jurídicos, técnicos y organizativos de un
esquema integral para comprender y aplicar el principio de solidez en sistemas
de IA de alto riesgo. Su valor reside precisamente en la capacidad de
transformar las obligaciones del Reglamento en prácticas verificables,
operativas y documentables. El resultado es una monografía técnica que articula
un modelo europeo de inteligencia artificial basado en la resiliencia técnica,
la supervisión continua y la primacía de los derechos fundamentales. La
solidez, entendida como garantía estructural, se convierte así en una condición
de legitimidad del uso de la IA en ámbitos sensibles y jurídicamente
relevantes.

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