Australia impulsa una nueva protección del derecho de autor frente al entrenamiento de la inteligencia artificial

 

Australia impulsa una nueva protección del derecho de autor frente al entrenamiento de la inteligencia artificial

Santiago Carretero Sánchez
Profesor Titular de Filosofía del Derecho. Universidad Rey Juan Carlos
Abogado del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid


En un momento en el que numerosos Estados debaten cómo compatibilizar el desarrollo de la inteligencia artificial con la protección de los derechos de propiedad intelectual, Australia ha dado un paso que puede marcar un punto de inflexión en el panorama jurídico internacional. El Gobierno del primer ministro Anthony Albanese ha anunciado una estrategia nacional de inteligencia artificial que sitúa la defensa del derecho de autor entre sus prioridades esenciales y rechaza expresamente la utilización de obras protegidas para el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial sin el consentimiento de sus titulares. Junto a esta posición política, el Ejecutivo ha confirmado la creación de una Oficina Nacional de Inteligencia Artificial destinada a coordinar la política pública en esta materia y a diseñar un marco regulatorio estable que combine innovación tecnológica, seguridad jurídica y protección de los creadores.

La relevancia jurídica de esta decisión trasciende ampliamente las fronteras australianas. Hasta ahora, buena parte del debate internacional se ha centrado en determinar si el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial constituye un supuesto legítimo de minería de textos y datos o, por el contrario, representa un acto de reproducción que exige autorización del titular de los derechos. Australia parece inclinarse decididamente por esta segunda concepción. Las declaraciones oficiales sostienen que las obras literarias, musicales, periodísticas o artísticas no pueden convertirse en materia prima gratuita para el desarrollo de sistemas comerciales de inteligencia artificial, pues ello vaciaría de contenido el propio fundamento económico y moral del derecho de autor. Esta afirmación introduce un importante cambio de enfoque: el debate deja de girar exclusivamente en torno a la innovación tecnológica para situarse en el terreno de la justicia distributiva y de la sostenibilidad de las industrias culturales.

Desde una perspectiva jurídico-comparada, la iniciativa australiana resulta especialmente interesante porque no propone frenar el desarrollo tecnológico, sino condicionarlo al respeto de los derechos de los creadores. El Gobierno ha manifestado que la inteligencia artificial constituye una oportunidad estratégica para el crecimiento económico y la competitividad del país, pero sostiene igualmente que dicho crecimiento no puede edificarse sobre la apropiación no autorizada de millones de obras protegidas por derechos de autor. Esta posición pretende favorecer un modelo basado en licencias, acuerdos de explotación y mecanismos de remuneración que permitan compatibilizar la innovación con la protección efectiva de escritores, periodistas, músicos, investigadores y artistas. En otras palabras, la inteligencia artificial deja de contemplarse como una excepción al derecho de autor para integrarse dentro de sus mecanismos tradicionales de autorización y compensación económica.

La trascendencia de esta orientación alcanza igualmente al ámbito universitario y científico. Las universidades generan cada año una enorme cantidad de publicaciones, materiales docentes, investigaciones y recursos digitales susceptibles de ser utilizados para el entrenamiento de modelos generativos. Si prosperan modelos regulatorios semejantes al australiano, las instituciones académicas deberán replantearse las condiciones de cesión de derechos, las licencias de utilización de sus publicaciones y las políticas de acceso abierto, incorporando cláusulas específicas relativas al entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial. La cuestión ya no consiste únicamente en determinar quién es titular de los derechos de explotación de una obra científica, sino también quién puede autorizar su utilización para alimentar algoritmos capaces de producir nuevos contenidos.

Desde la óptica del Derecho, esta evolución refleja una transformación mucho más profunda. Durante décadas, la propiedad intelectual se construyó sobre la protección de la copia y de la explotación económica de las obras. La inteligencia artificial introduce un escenario diferente: las obras dejan de utilizarse únicamente para ser reproducidas y pasan a constituir recursos destinados al aprendizaje automático de sistemas capaces de generar nuevos textos, imágenes o composiciones musicales. Ello obliga a revisar categorías jurídicas tradicionales sin sacrificar los principios que justifican la existencia del derecho de autor: incentivar la creación, proteger el esfuerzo intelectual y garantizar una remuneración adecuada a quienes enriquecen el patrimonio cultural de la sociedad.

La iniciativa australiana demuestra que la regulación de la inteligencia artificial ya no puede limitarse a cuestiones técnicas o de gobernanza administrativa. La protección de la creatividad humana se está convirtiendo en uno de los ejes centrales del nuevo Derecho de la inteligencia artificial. Es probable que otros ordenamientos observen con atención la evolución de esta política y que, en un futuro próximo, asistamos a una progresiva convergencia hacia modelos que refuercen la necesidad de autorización y compensación económica cuando las obras protegidas sean utilizadas para entrenar sistemas de inteligencia artificial. Si esta tendencia se consolida, el derecho de autor experimentará una de las transformaciones más relevantes desde la irrupción de Internet, reafirmando su función como instrumento esencial para equilibrar innovación tecnológica y protección de la creación intelectual.


Referencias (APA 7.ª edición)

Albanese, A. (2026, 15 de julio). AI in Australia's interests. Prime Minister of Australia. https://www.pm.gov.au/media/ai-australias-interests-0

Gibbs, M. (2026, 15 de julio). 'Not up for grabs': Albanese establishes AI office and vows to protect Australian creatives from copyright 'theft'. The Guardian.

University of Sydney. (2026, 15 de julio). Experts respond to Prime Minister's AI in Australia's Interests address. https://www.sydney.edu.au/news-opinion/news/2026/07/15/experts-respond-to-pms-ai-in-australias-interests-address.html

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