CUANDO LA IA INVENTA EL DERECHO: UN LAUDO ARBITRAL ANULADO POR CITAS JURÍDICAS INEXISTENTES

 

CUANDO LA IA INVENTA EL DERECHO: UN LAUDO ARBITRAL ANULADO POR CITAS JURÍDICAS INEXISTENTES

Entrada interdisciplinar: Derecho, Inteligencia Artificial, arbitraje y responsabilidad profesional

La inteligencia artificial generativa está entrando con rapidez en los despachos de abogados, los tribunales, el arbitraje y la investigación jurídica. Pero su creciente utilidad también está mostrando un problema que ya no puede considerarse meramente tecnológico: una inteligencia artificial puede generar sentencias, normas, artículos doctrinales o referencias jurídicas que no existen y presentarlas con absoluta apariencia de certeza. El problema adquiere una dimensión jurídica mucho mayor cuando un profesional incorpora esas referencias a una decisión que produce efectos jurídicos. Un caso resuelto por el Tribunal Superior de Quebec constituye un ejemplo especialmente significativo: un laudo arbitral fue anulado después de comprobarse que en su fundamentación aparecían referencias jurídicas inexistentes y otras que no respaldaban realmente las afirmaciones que se les atribuían.

La actualidad de este caso ha sido recuperada el 21 de agosto de 2026 por Idealex.press, que analiza la resolución canadiense y sus consecuencias para el ejercicio jurídico. La cuestión trasciende el caso concreto porque obliga a plantearse dónde termina la asistencia tecnológica y dónde comienza la responsabilidad del jurista.

1. Cuando una referencia falsa afecta a una decisión jurídica

El caso enfrentaba a la Association des ressources intermédiaires d’hébergement du Québec y Santé Québec. El árbitro había resuelto la controversia apoyándose, entre otras fuentes, en diversas referencias jurisprudenciales y doctrinales. Posteriormente se comprobó que algunas de las decisiones citadas no existían, que una referencia doctrinal tampoco podía localizarse y que incluso aparecía un laudo arbitral ficticio. Además, una resolución real había sido utilizada para sostener una afirmación que no se correspondía con su verdadero contenido. El Tribunal Superior de Quebec consideró que el problema no podía calificarse como un simple error de citación: las referencias inexistentes formaban parte del razonamiento utilizado para alcanzar la decisión.

La consecuencia fue especialmente relevante: el laudo arbitral fue anulado. La razón fundamental no fue que el árbitro hubiera utilizado una herramienta de inteligencia artificial, sino que la utilización de esta tecnología había permitido que información jurídica no verificada penetrara en el razonamiento decisorio. El árbitro tenía la obligación de ejercer personalmente la función que las partes le habían confiado y no podía trasladar, de hecho, esa función a un sistema tecnológico. La IA podía ser una herramienta de apoyo; no podía convertirse en el verdadero autor de la decisión.

Aquí aparece la cuestión jurídica esencial: la responsabilidad no desaparece porque el error proceda de una máquina. Cuando un abogado firma un escrito, responde de sus fundamentos; cuando un árbitro dicta un laudo, responde de su razonamiento; y cuando un juez utiliza herramientas tecnológicas como apoyo, la responsabilidad por la resolución continúa siendo suya. La inteligencia artificial puede producir el error, pero es el ser humano quien debe impedir que ese error se convierta en una decisión jurídicamente relevante.

2. De la «alucinación» de la IA a la responsabilidad del jurista

La expresión «alucinación» se ha popularizado para describir la generación de información falsa por los sistemas de IA. Sin embargo, desde la perspectiva jurídica, la alucinación no es el verdadero problema. Una herramienta puede equivocarse. También puede equivocarse una base de datos, un buscador o incluso un profesional humano. El verdadero problema aparece cuando quien utiliza la información deja de comprobarla y la incorpora como verdadera a su actuación jurídica.

Esta distinción resulta fundamental para entender la evolución de la responsabilidad profesional. La utilización de IA no puede reducir el estándar de diligencia exigible al jurista. Más bien sucede lo contrario: cuanto más poderosa es la herramienta, mayor importancia adquiere la obligación de verificar sus resultados. La rapidez con la que una IA puede proporcionar una respuesta no convierte esa respuesta en una fuente jurídica. Una cita aparentemente perfecta sigue necesitando ser localizada, leída y contrastada.

El caso canadiense ofrece así una enseñanza que resulta plenamente trasladable al ámbito español. El debate no debería plantearse simplemente en términos de «utilizar o no utilizar IA», sino en términos de cómo se utiliza, qué función desempeña y qué controles humanos existen antes de incorporar su resultado al razonamiento jurídico. La diferencia entre una IA que ayuda al jurista y una IA que sustituye materialmente su actividad intelectual está precisamente en la existencia de esa verificación.

Y aquí aparece una cuestión de enorme interés para la abogacía: la evolución tecnológica puede modificar incluso el contenido de la lex artis profesional. En determinados contextos, utilizar herramientas de IA puede convertirse progresivamente en una práctica habitual y razonable; pero utilizarla sin comprobar sus resultados puede constituir, precisamente por ello, una actuación profesionalmente negligente.

3. La verdadera lección: saber utilizar IA significa también saber desconfiar de ella

El caso posee una última dimensión especialmente importante para la enseñanza del Derecho. La competencia jurídica en la era de la inteligencia artificial no puede consistir simplemente en aprender a formular buenos prompts. Un jurista formado en IA debe saber verificar, contrastar y cuestionar la información que recibe.

Si una IA proporciona cinco sentencias para fundamentar un argumento, la investigación jurídica no termina con esa respuesta: comienza entonces la comprobación de que las cinco resoluciones existen, de que fueron dictadas por el tribunal indicado, de que contienen realmente el criterio que se les atribuye y de que son pertinentes para el caso. La inteligencia artificial puede acelerar extraordinariamente la investigación, pero no puede convertir una información aparentemente jurídica en una fuente jurídicamente válida.

Por eso, el caso de Quebec tiene una importancia que va mucho más allá del arbitraje. Nos obliga a reconsiderar una cuestión clásica de la teoría jurídica: ¿quién responde de una decisión cuando una máquina ha participado en la construcción de su razonamiento? La respuesta que comienza a perfilarse es clara: la intervención tecnológica no desplaza la responsabilidad humana. El jurista puede servirse de la IA, pero debe conservar el control intelectual sobre aquello que finalmente afirma, argumenta o decide.

La lección podría resumirse en una idea sencilla: la IA puede ayudar al jurista a encontrar el Derecho, pero no puede decidir qué Derecho ha encontrado. Y cuando esa diferencia desaparece, una «alucinación» tecnológica puede dejar de ser un simple error informático para convertirse en un problema de validez, responsabilidad y legitimidad de la decisión jurídica.

Referencias

Covarrubias Jurado, M. (2026, 21 de agosto). Primer laudo arbitral anulado por citas inexistentes: cuando la IA decide y el juicio jurídico se degrada. Idealex.press.

Association des ressources intermédiaires d’hébergement du Québec (ARIHQ) c. Santé Québec – Centre intégré universitaire de santé et de services sociaux du Centre-Sud-de-l’Île-de-Montréal, 2026 QCCS 1360 (Cour supérieure du Québec, 22 de abril de 2026).

Santiago Carretero Sánchez, Profesor Titular de Filosofía del Derecho, Universidad Rey Juan Carlos, Abogado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid

Blog de la IA actual: blogdelaiaactual.blogspot.com

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