La abogacía entra en la era de la IA propia

 


La abogacía entra en la era de la IA propia

Santiago Carretero Sánchez, Profesor Titular de Filosofía del Derecho, Universidad Rey Juan Carlos, Abogado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid

El despacho jurídico deja de limitarse a utilizar inteligencia artificial

Una noticia publicada estos días por el Financial Times permite detectar un cambio especialmente significativo en la evolución de la inteligencia artificial aplicada al Derecho. Latham & Watkins, uno de los grandes despachos internacionales, ha adquirido servidores propios equipados con procesadores gráficos de Nvidia y está desarrollando sistemas internos de inteligencia artificial mediante la adaptación de modelos de código abierto. No se trata simplemente de incorporar una nueva aplicación a la actividad profesional: el despacho está construyendo parte de la infraestructura tecnológica sobre la que funcionarán sus propios sistemas de IA. La decisión tiene una explicación jurídica especialmente relevante: mantener bajo un mayor control la información de sus clientes y evitar que determinados datos extremadamente sensibles tengan que ser procesados necesariamente por proveedores externos de servicios de IA. La firma cuenta, además, con más de 900 profesionales vinculados a tecnología, innovación, ingeniería de software y aprendizaje automático.

El cambio es importante porque hasta ahora la transformación digital de la abogacía se había planteado fundamentalmente desde la perspectiva del usuario. El abogado utiliza una plataforma de inteligencia artificial, introduce una determinada información, formula instrucciones y obtiene un resultado que posteriormente debe verificar. El nuevo modelo modifica esa relación. El despacho comienza a preguntarse qué modelo utiliza, dónde se ejecuta, qué información procesa, quién controla la infraestructura y qué ocurre con los datos introducidos en ella. La cuestión deja de ser exclusivamente tecnológica para convertirse en una cuestión de organización jurídica del propio despacho. El secreto profesional, la protección de datos, la seguridad de la información y la responsabilidad profesional adquieren así una dimensión tecnológica que ya no puede considerarse secundaria.

Del uso de la IA a su gobierno jurídico

Esta evolución plantea una cuestión de fondo para los juristas: ¿puede hablarse de verdadera autonomía profesional cuando la inteligencia artificial que procesa la información confidencial del cliente pertenece íntegramente a un tercero? La pregunta no implica que los despachos deban construir sus propios centros de datos. La mayoría nunca necesitará hacerlo. Lo relevante es que empieza a cambiar el criterio con el que debe evaluarse una herramienta de IA jurídica. Ya no basta con preguntarse si produce buenos resultados, si ahorra tiempo o si redacta correctamente un documento. Será necesario conocer también sus condiciones de tratamiento de datos, su arquitectura de seguridad, sus mecanismos de conservación y eliminación de información, la posibilidad de auditar sus resultados y el grado de control que conserva el despacho sobre el sistema.

La decisión de Latham & Watkins resulta particularmente reveladora porque combina dos estrategias que hasta ahora parecían enfrentadas: mantener el acceso a herramientas comerciales de grandes proveedores y, al mismo tiempo, disponer de una infraestructura propia para determinados trabajos. La firma puede decidir qué sistema utilizar dependiendo de la naturaleza de la tarea y del nivel de sensibilidad de la información. La utilización de modelos abiertos permite además adaptar determinados sistemas a necesidades concretas y ejecutarlos sobre infraestructura controlada directamente por la organización.

Aquí aparece una nueva dimensión de la responsabilidad profesional. El abogado del futuro no tendrá que convertirse en ingeniero informático, pero sí deberá comprender suficientemente la tecnología que incorpora a su práctica para poder gobernarla jurídicamente. Si una herramienta interviene en la búsqueda de jurisprudencia, en la revisión de miles de documentos, en la elaboración de un contrato o en la preparación de una estrategia procesal, la diligencia profesional exige saber qué hace realmente esa herramienta y bajo qué condiciones lo hace. La supervisión humana deja entonces de ser una simple comprobación final del texto generado: comienza mucho antes, en la elección y configuración del sistema tecnológico.

La verdadera cuestión: quién controla la inteligencia del despacho

La noticia adquiere por ello una dimensión que trasciende a Latham & Watkins. La IA jurídica está entrando en una segunda etapa. La primera consistió en aprender a utilizar herramientas inteligentes desarrolladas por otros. La segunda comienza cuando las organizaciones jurídicas empiezan a plantearse qué parte de esa inteligencia quieren controlar directamente. La diferencia es sustancial. Quien controla los datos, los modelos, la infraestructura y las reglas de acceso posee un margen de autonomía tecnológica muy superior al de quien depende completamente de un proveedor externo.

Esto introduce un nuevo concepto en la transformación digital de la abogacía: la autonomía tecnológica del despacho. Su importancia crecerá a medida que aumente el volumen de información jurídica procesada por sistemas de IA y a medida que los clientes exijan mayores garantías sobre la utilización de sus datos. El abogado deberá conocer no solo el Derecho aplicable al caso, sino también las condiciones tecnológicas bajo las cuales su conocimiento profesional está siendo producido, organizado y utilizado.

La cuestión, por tanto, ya no es si la inteligencia artificial llegará a los despachos de abogados. Esa etapa está superada. La cuestión verdaderamente relevante es quién gobernará esa inteligencia artificial, con qué garantías y bajo qué responsabilidad. La decisión de Latham & Watkins apunta hacia un escenario en el que algunos grandes despachos dejarán de ser únicamente consumidores de tecnología jurídica para convertirse también en arquitectos de su propia inteligencia artificial. Y ese cambio puede terminar modificando, de manera mucho más profunda de lo que hoy parece, la propia concepción del ejercicio profesional del Derecho.

Referencias

Financial Times. (2026, 10 de septiembre). Latham & Watkins buys Nvidia servers to set up in-house AI systems. Financial Times. Financial Times

Financial Times. (2026, 11 de septiembre). How big is the open-model threat to AI hyperscalers? Financial Times.

Latham & Watkins. (2026). Artificial Intelligence. Latham & Watkins – Artificial Intelligence

Latham & Watkins. (2026). Data Centers & AI Cloud Infrastructure. Latham & Watkins – Data Centers & AI Cloud Infrastructure


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