La primera generación de graduados con ChatGPT: un reto para la Universidad y el Derecho
La primera generación de graduados con ChatGPT: un reto para la Universidad y el Derecho
Por Santiago Carretero Sánchez
Profesor Titular de Filosofía del Derecho
Universidad Rey Juan Carlos
El reciente reportaje de El País sobre la primera generación de universitarios que ha cursado sus estudios con ChatGPT confirma una realidad que ya es evidente en las aulas: la inteligencia artificial generativa ha transformado de forma irreversible la enseñanza superior.
Desde una perspectiva jurídica y docente, el debate no debe centrarse en prohibir estas herramientas, sino en regular su utilización y adaptar los sistemas de evaluación. La IA puede mejorar la investigación, facilitar el aprendizaje y aumentar la productividad del estudiante, pero también puede debilitar el pensamiento crítico cuando sustituye el esfuerzo intelectual propio, en esto debe insistir toda la comunidad docente y el humanismo tecnológico. Las facultades de Derecho afrontan un desafío especialmente relevante. Formar juristas ya no consiste únicamente en transmitir conocimientos normativos, sino en enseñar a utilizar la inteligencia artificial con criterio, verificar sus respuestas, detectar errores y mantener la responsabilidad personal sobre el trabajo realizado.
Esta transformación obliga a replantear los métodos tradicionales de evaluación. Los trabajos escritos dejan de ser una garantía suficiente de autoría y resulta imprescindible potenciar las pruebas orales, los casos prácticos, la argumentación jurídica y la resolución de problemas complejos. Casos prácticos en los que incide esta nueva realidad tecnológica más que en la lección magistral en sí.
La inteligencia artificial no representa el final de la Universidad, sino el inicio de una nueva etapa. La institución universitaria seguirá siendo imprescindible, aunque deberá redefinir su función: menos transmisión de información y más desarrollo del razonamiento, la ética profesional y el pensamiento crítico.
La cuestión ya no es si los estudiantes utilizarán inteligencia artificial, sino si las universidades serán capaces de enseñarles a emplearla con rigor, responsabilidad y respeto a los principios de integridad académica.

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